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¿Cómo nació AlmaNacer?

Como profesional de la respiración había estudiado en profundidad la psicología prenatal y la importancia del nacimiento en la vida de adulto. Pensaba que lo sabía todo. Embarazada de mi primer hijo, me preparé lo mejor posible para recibirlo. Cuando llegó el gran momento, todo lo aprendido se derrumbó sobre mí. El parto no avanzaba, no dilataba, y después de unas 36 horas, 12 con anestesia, nació mi hijo de manera muy valiente. Enseguida comprendí que mi hijo había recreado mi propio nacimiento. Ambos lo hicimos ayudados con ventosas.

Después de esta experiencia, intuí que debía explorar en mi interior para sanar mi propio nacimiento y mis pensamientos acerca de él. Con la concepción de mi segundo hijo, se despertó en mí un profundo deseo de apoyar a otras mujeres, a otras parejas, y sobre todo a los bebés, en este importante viaje de la Vida.


¿Por qué es tan importante la vida prenatal?

Sabemos con certeza que lo que más marca nuestra personalidad se desarrolla durante el embarazo y el nacimiento. Es en esos momentos, cuando forjamos nuestras ideas sobre el mundo, sobre nosotros mismos y sobre los demás. Ideas que en un principio son solo sensaciones, pero que se convertirán en decisiones que dirigirán nuestra vida. Si lo que deseamos es un mundo de paz y de confianza, debemos ofrecérselo a nuestros hijos pues ellos formarán la sociedad del mañana. Y es, incluso, desde la concepción, desde donde podemos iniciar nuestra ayuda para construir las bases de seguridad y confianza para su felicidad.


¿Por qué buscar apoyo en el parto?

Una cosa que tuve muy clara al preparar el nacimiento de mi segundo hijo, es que quería una persona al 100% presente a mi lado, además de a mi marido. Quería estar acompañada por alguien cuyo rol era servirnos de apoyo a todos, a nuestro bebe, a mi marido y a mi. Alguien como una "doula" o matrona, que es muy común en ciertos países como Bélgica. Sabía que sin esa persona, no soportaría igual el parto de mi segundo hijo. Nos procuró seguridad, confianza y ánimo en los momentos claves y, nuestro hijo nació tranquilamente sin ninguna intervención. Abrió sus ojitos sin tan siquiera necesidad de llorar.